mi homenaje al Quijote

30 octubre 2005


“Agrupémonos todos”

Mi querido amigo Carlos Rubio (Departamento de Derecho Político, Universidad de Zaragoza) comienza con esta expresión el 95% de sus conversaciones telefónicas informales. Une a su inteligente socarronería el espíritu congregador de quien sabe, por destreza y cultura, que quienes tejan la mejor tupida red conquistarán el futuro. Comparto su opinión y por eso utilizo su frase preferida para dar título a este post y adelantar así una propuesta que lanzo al ciberespacio:

Ante la eterna tentación y la presente amenaza desde el poder de limitar la libertad de expresión (la de conciencia es irreparable a corto plazo) de la sociedad civil tenemos que agruparnos. Sinceramente, no me obsesiona de momento el Estatuto del periodista tal y cómo hoy se presenta, pues estoy convencido de que las Cortes Generales no se atreverán a aprobar un proyecto liberticida, totalitario y antiliberal que pretende codificar la ética y designar políticamente a los periodistas. Sólo en países dictatoriales existen leyes de esta naturaleza. Me preocupa más su maquillaje legislativo y, en caso de retirada, los futuros intentos de limitación de la libertad de expresión que serán más peligrosos porque se desarrollarán de una forma más sutil. Por supuesto, lo que pretendo exponer adquiriría plena vigencia en el caso de que la sinrazón absoluta se apoderara de quienes detentan el poder y ese Estatuto fuera aprobado íntegramente, cosa por otra parte posible (no digo probable) en un país que adolece de falta de división de poderes.

Debido al crecimiento exponencial que experimenta su importancia, el colectivo de los bloggers puede verse realmente amenazado en el presente y en el futuro. A nadie con una mínima capacidad analítica se le puede escapar el hecho de que éstos y sus redes jugarán un papel fundamental en el control al poder y por lo tanto en la lucha política. La televisión todavía está y estará durante unos años, quizá décadas, en cuestión de influencia cuantitativa, por encima de la sociedad red. Pero ésta es controlable. De hecho, está totalmente controlada. No ocurre lo mismo con los bloggers. Nosotros representamos el paradigma de la información, su quintaesencia, pues a nuestro través se logra la verdadera democratización de la información. Y eso no gusta porque no se controla.

Propongo redactar un sencillo manifiesto que sirva para crear una red para defender nuestra libertad de expresión y acceso a la información y que comprometa a quien lo suscriba a proteger desde su blogg tan bella y necesaria causa, contra los abusos del poder. Propongo elevarlo a la red en unos días para desarrollarlo entre todo aquel que lo desee y convocar una quedada con el fin de aprobarlo conjuntamente, amén de conocernos personalmente y fomentar nuestro contacto.

29 octubre 2005


Elogio a Manuel Ramírez

Quienes mantenemos que la Transición española se concibió en un momento muy delicado, preñado de prejuicios y amenazas, entendemos que muchos de sus errores podían comprenderse como los menos perniciosos de cuantos podían ocurrir, como el precio que había que pagar desde el presupuesto del maximín, escenario posibilista y conservador que pretendía garantizar unos mínimos de convivencia política que sirvieran de base para avanzar hacia mayores cotas de bienestar material. Recalco lo de material, pues en otro caso la opción correcta hubiera tenido que pasar por escenarios de menor consenso y mayor separación legal y de facto con el régimen que aparentemente terminaba con el fallecimiento del dictador Franco.

También entendemos, desde hace casi quince años, es decir, desde que el felipismo afloró como un régimen de poder dentro de nuestra monarquía parlamentaria, que nuestro sistema político debía ser reformado para que los “obligados” vicios de la Transición que habían permitido los desmanes de los gobiernos de González se vieran purgados en las Cortes Generales a fin de alumbrar un sistema político más democrático, más participativo, con mayor capacidad de control sobre la clase política y menos sometido al constante chantaje de pequeños grupos minoritarios nacionalistas que, legislatura tras legislatura, iban exigiendo a cambio de su crucial apoyo parlamentario, mayores cuotas de poder en sus respectivos feudos, cuya población se encontraba controlada políticamente y adormecida por los medios de comunicación social afines al poder.

Con el firme propósito de desmarcarme de lo que en este momento se está llamando la segunda Transición por parte de grupos nacionalistas, es decir, siempre independentistas, y del partido socialista tanto en Cataluña como en Madrid, quisiera dejar claro que ésta no es la segunda Transición que muchas personas venimos defendiendo desde hace tanto tiempo. Es exactamente la contraria. En aquel momento se hicieron una serie de concesiones que, además de habernos llevado a la situación política actual, no hubieran tenido sentido de no haber sido por esa situación especial. La segunda Transición no debe abrir más la cafetera del título octavo cuyos únicos beneficiarios son los partidos que negocian en Madrid la forma de ejercer más férreamente el poder en sus respectivas Comunidades Autónomas, volviendo la espalda y haciendo difícil su existencia a todo aquel que no piense como ellos. La segunda Transición tiene necesariamente que tener en cuenta al ciudadano, concebido como individuo y si se quiere, como persona, pero no como parte insignificante de un ente superior donde encuentra su razón de ser y su máximo estadio de expresión, que es la comunidad, la nación cultural. La segunda Transición se hace hoy más necesaria que nunca para garantizar nuestra libertad política, la de todos los españoles que queramos seguir avanzando por la senda de la libertad, del progreso y de la vanguardia.

Y para ello no hay que permitir que Cataluña se autodefina como nación, sino todo lo contrario, reformar nuestra ley electoral de suerte que no tengamos jamás nunca que depender de personas como Rovira o Ibarretxe.

En este sentido, me alegra leer del catedrático de Derecho Político de la Universidad de Zaragoza, Manuel Ramírez, una opinión (el link es de pago, en El País de 29 de octubre) tan cercana en este caso a mis planteamientos y, a mi entender, tan sensata en un país cuyos dirigentes parecen haber perdido la cabeza.

28 octubre 2005


Montilla contra la COPE

De alguien que no ha hecho nada en su vida salvo obedecer la disciplina de partido hasta que le ha tocado el turno de mandar, no cabe asombrarse de su intención de sobrevivir en el poder. Pues no tiene ni tendrá otra cosa a lo que aspirar en su existencia que al disfrute de las mieles hedonistas del regalo público, del presupuesto. Este es Montilla, un absoluto don nadie sin oficio ni beneficio que pretende cerrar la COPE en Cataluña porque se interfire, no en su proyecto político, sino en su modus vivendi. Cuidado Montilla, que por cada liberticida como tú, hay 1000 amantes de la libertad. Sí, con mucho menos poder. Pero con mucha más inteligencia y moral. Estamos contentos de seguir pagando de nuestros bolsillos (los presupuestos) el sueldo de profesionales políticos como tú, sin una sóla célula gris en la cabeza. Incluso para que hagáis todo tipo de apologías contra la libertad. Pero, cuidado, no para que las llevéis a cabo.

El Estatuto del Periodista

Liberticida, antidemocrático, intervencionista, stalinista, conculcador de libertades, mordaza, partitocrático, opresor….. Eso es el estatuto del periodista que prepara Zapatero en colaboración con ese adalid de las libertades, admirador del Che Guevara y de Fidel Castro que se llama Gaspar Llamazares. Un comité de sabios elegidos por los partidos políticos le dirán a la ciudadanía quién es periodista y puede ejercer como tal y quién no. Aquellos que no lo sean, no podrán siquiera entrar en ciertos lugares públicos para recabar información. Salvo que dicho comité tenga a bien introducir sus nombres en la lista que se renovará cada cierto tiempo y en función de un código ético legislado como sólo ocurre en los países totalitarios. A menos de 72 horas de haber escuchado al presidente del gobierno decir que su patria era la libertad, vemos cómo ésta se ve seriamente amenazada y la propia existencia del blogger deja de tener sentido con esta ley mordaza. No merece la pena escribir muchas líneas para manifestar cómo a cualquier ciudadano de bien se le caería la cara de vergüenza en este ejercicio de cinismo. Tenemos que hacer algo para que no triunfen los enemigos de la libertad, aquellos que dicen amarla.

22 octubre 2005


Liberalismo anglosajón

Es habitual que Occidente se nutra intelectualmente de la teoría empírica del mundo anglosajón, aunque, probablemente debido a un extraño complejo de inferioridad, ataque sus postulados en cuanto tiene ocasión. Europa lleva años perdiendo competitividad. La fuerza de la entrada en escena del mundo asiático y algún otro país emergente en el concepto de globalización de los mercados supone un reto del que no voy a escribir porque todos lo conocemos lo suficiente a estas alturas. Tan sólo quisiera constatar la trayectoria que nos lleva a una meta de desaceleración de nuestra economía comunitaria y que en el futuro cuestionará o más bien hará temblar el tan apreciado Estado del bienestar en el que estamos aposentados. No nos salen las cuentas. La balanza comercial europea (la de España es patética) arroja peligrosos saldos negativos y la historia demuestra cómo dicho problema estructural termina afectando al crecimiento y al desempleo en cuestión de tiempo. El coste de fabricación de determinados productos es sustancialmente más bajo en aquellos países donde la mano de obra es mucho más barata que en Europa. Ante tal obviedad hay simplemente dos soluciones. O nos blindamos -ahora que está de moda blindarlo todo- o nos reformamos. Blindarse significa dar la espalda a la globalización, volver al neomercantilismo nacionalista de principios del siglo XX, al absurdo de nadar contracorriente y a sus consecuencias económicas y quizá bélicas. Reformarse, no significa “cambiemos algo para que nada cambie”. Significa reconocer los errores y las carencias que nos afectan y nos acechan e intentar modificarlas en lo sustancial, en la raíz. Europa no podrá ya competir en la fabricación de muchos productos salvo que utilice tecnologías de última generación y flexibilice su mercado laboral. De nuevo, un dirigente anglosajón es el que pone el dedo valientemente en la llaga sin temor a que ésta duela. Blair acierta cuando propone que la Unión dedique el 30% de su presupuesto a la investigación. Acierta todavía más, a mi juicio, manifestando la necesidad imperiosa de establecer sinergias entre la Universidad y las empresas. ¿Dónde trabajarán los universitarios de hoy? La salida laboral natural para un jóven universitario sería la que se haya producido como resultado de los convenios suscritos entre la universidad y una empresa cualquiera para la investigación de una línea de producto que, debido a su éxito, precisa del personal cualificado para llevar a cabo una mayor producción y todo ello sin dejar de investigar con la universidad para que ello suponga un circuito sin solución de continuidad en el tiempo y por lo tanto una fuente inagotable de empleo de recursos humanos. ¿Entederán esta sencilla fórmula nuestros políticos en Europa? Estoy convencido de que el jóven, universitario y no universitario, sí lo entiende. Y está dispuesto a desembarazarse de la burocracia estatal que le resta dinamismo y autonomía para elegir su destino profesional en libertad. ¿Qué mayor protección social se puede esperar que el pleno empleo, situación que permite al trabajador elegir su puesto de trabajo de acuerdo a sus prioridades y no mantener aquel en el que no se encuentra cómodo pero que puede mantener en virtud de un convenio colectivo suscrito por quienes no le representan en ningún lado de la mesa?

Emprendedores


David Ballota es un emprendedor que resume a su corta edad la vida posible de cuatro o cinco ciudadanos laboriosos y diligentes. Y lo más maravilloso es que todavía saca tiempo para ejercer de activista liberal y para (re)enviar a sus amigos y conocidos informaciones estimulantes que muchas veces nos pasan desapercibidas. Pues bien, me informa David que en Asturias se ofrece a los alumnos la posibilidad de cursar una asignatura que fomenta el espíritu emprendedor. Me parece una magnífica iniciativa. Ojalá cunda y se extienda.

15 octubre 2005


Liberalismo Sueco


Leo en un curioso circunloquio digital un artículo de Vargas Llosa publicado por el diario El País, del que se había hecho eco el prestigioso instituto de pensamiento liberal sueco Timbro, comentando el libro de Mauricio Rojas, uno sus afamados miembros, sobre el liberalismo en Suecia. Y es francamente sorprendente. Creo que casi nadie sabíamos que el archifamoso Estado del bienestar sueco se había sostenido sobre una política profundamente liberal de creación de riqueza. Es así, creándola primero, como se pudo redistribuir después hasta que el mundo se globalizó y la economía sueca empezó a sufrir los embates que las fronteras nacionales habían sido capaces de parapetar durante seis décadas. Lo sorprendente no es que cayera el proteccionista Welfare State, sino descubrir que había sido el libre mercado, respetado, concebido y asumido por la sociedad sueca, lo que había hecho posible más de medio siglo de socialdemocracia. Descubrimos que el estado proteccionista no fue realmente proteccionista, sino redistribuidor. Había sido, en muchos aspectos, totalmente liberal, porque la empresa privada tuvo unos enormes márgenes de libertad para crear riqueza, sin intervenciones directas o indirectas del Estado.

Quizá lo más curioso es que cuando el sistema ya no resiste la globalización, el conservador Buildt lo reforma y la llegada de nuevo de los socialdemócratas no supone una vuelta atrás en las reformas iniciadas, sino que se éstas se mantienen e incluso se incrementan. Un papel fundamental, lo está jugando la juventud sueca, que quiere ser la verdadera dueña de su destino, deseando tomar cuantas más decisiones pueda, con la responsabilidad que ello supone. La juventud, culta y libre, no quiere que el Estado se entrometa en su vida más allá del cumplimiento del papel para el cual fue concebido en el clásico contrato social , es decir, para lo imprescindible. En Suecia se ha establecido un sistema de cheques escolares para que el ciudadano elija entre los distintos colegios, con la lógica competencia generada entre estos últimos, por supuesto públicos y privados. Lo mismo ocurre con los hospitales, el sistema de salud y el fondo de pensiones. Es curioso, apunta Vargas Llosa, contemplar cómo ha sido el país de la socialdemocracia per excellence, el que haya puesto en práctica lo que venía proponiendo sin éxito la Escuela de Chicago. El resultado es que han proliferado los colegios y hospitales privados y su propia competencia ha supuesto un aldabonazo para su modernización.

Pero además, las reformas han desmantelado los monopolios estatales que todavía quedaban en el área de telecomunicaciones, transportes urbanos, infraestructura y energía de tal suerte que las empresas públicas se han visto forzadas a competir con las privadas en condiciones de igualdad, convirtiendo “a Suecia en una sociedad de bienestar mucho más humana y libre, donde una multiplicidad de actores tanto públicos como privados participan como productores y donde el consumidor ha logrado una libertad de elección cada vez más amplia”.
Sería realmente deseable que las reformas liberales se aplicasen en toda Europa. En este sentido, otro informe del think tank Timbro, de Fredrik Bergström y Robert Gidehag, mantiene que si la Unión Europea fuera un estado de la federación USA, estaría entre los cinco estados más pobres. Aquel país de quienes nos reimos los europeos cada vez que tenemos la ocasión, tiene un Producto Interior Bruto que es casi un 50% superior a la media de la Unión Europea. Claro, al cabo de un año, un francés, un italiano y un alemán habrán trabajado el 66% de lo que se habrá trabajado un estadounidense. O no damos cuenta de que hay que aligerar el proteccionista Estado del bienestar y trabajar un poco más, o nuestro crecimiento económico se fugará por las grietas de la pérdida de competitividad, gasto público, desempleo, etc.

14 octubre 2005


Cumbre Iberoamericana en Salamanca

Hay que hacer verdaderos esfuerzos y memorizar concienzudamente las bonitas características que adornan nuestro país y nuestra sociedad, para dejar sólo en vergüenza y turbación del ánimo el sentimiento que de uno se apodera, no permitiendo que éste se transforme en repudia o rechazo. Es muy bochornoso lo ocurrido en Salamanca. No cabe el sentimiento de vergüenza ajena. Es propia. Ha ocurrido en nuestro país. Que actuó de anfitrión. Se ha escrito, ya, lo suficiente. Sólo quiero acompañar en el sentimiento de deshonra a quienes lo estén padeciendo y rebajar la ira de aquellos que hayan sucumbido ante el sentimiento de rechazo a su propio país, recordándoles que todavía existen aquí, existimos, muchos amantes de la libertad, de la justicia, de la democracia y del progreso.
Permitir o coadyuvar a que los objetivos del asesino Castro se transformen en manifiesto de una cumbre iberoamericana, es sencillamente detestable desde el punto de vista moral. Si el manifiesto se dirige contra un país democrático, poderosísimo, que muestra su cansancio sobre los continuos desplantes que se le lanzan desde aquí, la actitud se convierte en algo, simplemente, digno de la más absoluta bisoñez.
Así de fácil es resumir nuestra política exterior. Moralmente destestable y bisoña.

12 octubre 2005


Generación XXI ZGZ

Gracias a la posibilidad que nos ha brindado la prestigiosa revista universitaria de ámbito nacional Generación XXI (me hicieron una entrevista el mes pasado), podemos tener una edición genuinamente zaragozana que, excelentemente comandada por David Ballota, me posibilita dedicar unas líneas quincenales a la juventud de la ciudad donde habitualmente vivo. Reproduzco a petición de algún amigo el primer artículo que allí escribí:

"Cosmópolis

Libertad y Vanguardia

Dice Richard Florida, a quien dicen que lee ZP, que el vínculo entre libertad y creatividad es tan grande que sólo aquellas ciudades en las que se cultiva no sólo la tolerancia y el respeto a toda forma individual de existencia, sino la extravagancia, el cosmopolitismo y la vanguardia tecnológica y artística, serán a las que el futuro les aguarde el éxito económico y social, debido a que éste dependerá en la misma medida de lo creativa que una urbe se manifieste. Si una ciudad no tiene ciudadanos que se hacen piercing y tatuajes, bandas roqueras y respira un clima de absoluta libertad, los tipos y tipas creativos y emprendedores huirán de ella en un mundo globalizado, donde la movilidad física no supone ya ningún obstáculo. Pone el ejemplo del Silicon Valley, el famoso valle de silíceo (también de silicona) al sur de la bahía de San Francisco y comenta que no es casualidad que la revolución de las puntocom haya surgido allí, cuna de las libertades de Estados Unidos y sede de la contrarrevolución cultural (hippie) de los ´60. Tiene razón Florida, aunque los ingredientes de su receta no sean lo único necesario para incrementar la calidad de vida o el progreso social y económico, salvo que en su interpretación de libertad y tolerancia haya incluido la asunción de libertades civiles y políticas, cosa ya más díficil de pensar. Pero lo cierto es que cuanto más libres nos creamos, más creativos nos volveremos, de eso no hay ninguna duda. Y un lugar donde se debe evidenciar la tolerancia y germinar la creatividad es la Universidad y su propia comunidad, es decir, la gente joven. La Universidad necesita hacer de sí misma un espacio excitante donde se generen puntos de encuentro y surgan oportunidades que animen la creatividad, para desarrollar tecnología, hacer negocios, crear arte, montar bandas roqueras o movimientos en defensa de las libertades presentes y futuras. Como para todo, es necesario contar con el poder establecido, y pedirle que suelte lastre, que invierta en I+D+I y que vincule directamente al estudiante que lo desee en ese tercer espacio, donde se debiera mezclar difusamente el trabajo y el placer, el ocio y la ambición. Son imprescindibles fuertes inversiones y algo más que bonitas declaraciones de principios que aboguen por el software libre, la sociedad de la información, los grandes espacios para el arte y para los emprendedores, el fomento de sus espacios verdes y los intercambios culturales. ¿Alguien se apunta para pedirlo…?"

10 octubre 2005


¿España recupera la cordura?

En mi pasado artículo y en relación al estatuto catalán, finalizaba pidiendo una movilización general que pretendiese solucionar a corto y a largo plazo la cuestión nacional, a través de la presión social al gobierno de Zapatero y la petición de firmas para la reforma de la Constitución, en los preceptos concretos que permitan la adopción de una fórmula definitiva para el título octavo y la reforma de la ley electoral. Afortunadamente parece que la movilización no va a ser necesaria, pues el líder del Partido Popular, con diez millones de votos, lo propuso el pasado lunes 3 de octubre. Quise esperar para aplaudir esta medida tan valiente y loable como necesaria para conocer cuál sería la respuesta tanto del Poder ejecutivo como de la ciudadanía. Y así conocer el grado de consciencia de ambos al respecto del mayor problema que ha tenido España como nación en muchísimos años, con el agravante de haber sido gratuito, sin que la fuerza de los hechos, salvo el importantísimo 11 de marzo, obligara a llegar forzosamente a esta circunstancia. La ciudadanía salva la situación con un notable, pues no sólo entiende que el estatuto es anticonstitucional y que lesiona gravemente nuestra conviviencia, sino que empieza seriamente a retirar la confianza al presidente por accidente. Y, por supuesto, éste no se entera, no quiere enterarse y hace lo posible por sonreir al mal tiempo que se le avecina. Tal ha sido su actitud esta semana. Zapatero “el breve”, creo sinceramente en la doble acepción del término, está consiguiendo algo díficil, hacer olvidar los últimos 5 años de felipismo donde la corrupción y el crimen de estado fueron su característica esencial. Este recordman de la política parece no darse cuenta de que los acontecimientos le han desbordado (hasta el prestigioso semanario The Economist lo reconoce en su último número) y que sin un pacto nacional con el Partido Popular, acabará forzado a convocar unas elecciones anticipadas, con o sin la tregua-trampa de ETA, que es muy probable que pierda, a tenor de lo que marcan las tendencias en la intención de voto. Siempre y cuando Polanco no lo desacredite como persona capaz de dirigir el gobierno y proponga (que es lo mismo que decir, designe) como sucesor para solventar este desaguisado a un Bono que ya parece estar preparándose para la ocasión. Por que lo que para mi está claro, vistas las encuestas de este fin de semana, es que si Zapatero persiste en intentar engañar a los españoles, incluyendo a la inmensa mayoría de catalanes que se han visto ajenos a este proyecto independentista, conseguirá en dos años de gobierno lo que ni siquiera González tuvo al alcance de su mano, liquidar el PSOE. Hace años que pienso, digo y escribo que España necesita una segunda transición, que retoque algunos aspectos fundamentales de la primera. Tiempo habrá para hablar de sus matices. De momento quisiera hacer un reconocimiento de valoración a las propuestas de regenarción democrática de Mariano Rajoy, porque abundan en beneficio de esta noble causa. Pero si a alguien quisiera hacer honor de lo que estoy convencido va a ser un sentimiento consolidado en la ciudadanía, especialmente la más culta y libre, es a aquellos que la han liderado dicha causa desde hace casi quince años. Me refiero a los periodistas e intelectuales que conformaron la llamada AEPI, o tal y cómo los llamaban los medios hostiles, el “sindicato del crimen”. A ellos se les debe que este país esté recuperando poco a poco la cordura. O, al menos, eso espero.

02 octubre 2005


Por la Regeneración Democrática

Queridos lectores, queridos conciudadanos:

Es algo constatado para cualquier persona que se haya asomado mínimamente a la historia, que el inconsciente colectivo no se vuelve consciente de los hechos políticos que provocan una catástrofe nacional hasta que los mismos dejan asomar sus consecuencias en términos materiales. No son los hechos políticos mismos, sino sus implicaciones, las que finalmente sirven de recuperación del sentido de la realidad e intuición del futuro, en algunos casos, o proporcionan el antídoto -no precisamente preventivo- contra la amnesia colectiva, en otros. España ya ha pasado por momentos similares el pasado siglo. Alemania, Francia e Italia también.

Muchos intelectuales y ciudadanos (me incluyo entre estos últimos) venimos denunciando desde hace 10 años que el fin de toda ideología nacionalista es la consecución de un Estado, es decir, la soberanía política, sobre la base territorial de lo que se considera absurdamente una nación cultural. Ocurre lo mismo que con la historia; no hay mas que leer a los principales autores sobre el nacionalismo para comprender su fin último, explicitado con tanta nitidez racional como ofuscamiento u oscuridad de la razón tienen las raíces más profundas de su causa y tanta como confusión pretende impregnar en la propaganda de los medios para conseguirlo. Es así. Siempre ha sido así. Lo lamentable es que, como en la maldición de Sísifo, los españoles no podamos zafarnos del tópico de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra (historia).

No cabe duda de que el momento que vivimos se caracterizará en los libros de historia por los efectos positivos y negativos que la globalización ha supuesto en todas las partes del globo y en todos los ámbitos de la vida, es decir, la interconexión de la economía, la cultura, la tecnología, las relaciones personales y colectivas, etc. Al margen del anacronismo que supone una ideología que pretende en nuestro mundo globalizado volver al romanticismo neofeudal del siglo XIX y sus valores sentimentales como la raza, la lengua, el RH, el concepto del otro como antítesis al nosotros, triturando los valores ilustrados de libertad, de respeto a todo individuo por el mero hecho de serlo, de justicia, etc, y que están recogidos en las cartas fundamentales de los derechos del hombre –valores sentimentales que además son falsos para quienes los provocan, ya que como he escrito muchas veces, tan sólo la ambición bastarda de poder es lo que realmente mueve el deseo nacionalista de las elites- es difícil comprender cómo, pese a toda la tecnología acumulada por la sociedad de la información (que crea al ciudadano de la confusión), suceden según qué cosas. Me resisto a creer en la ingenuidad de todos los intelectuales como único pretexto de no haber jamás advertido de los peligros que entrañaba el nacionalismo salido del título octavo de nuestra constitución. Allí estaban todos los intereses bastardos traducidos en verdaderos peligros y bestias negras que vienen acechando en el horizonte, esperando el momento más favorable para asestar un golpe mortal a la unidad de España. De no haber tenido un gobierno presidido por una persona incapacitada para el cargo, el proceso se habría demorado un poco más, pero al final habría sucedido, pues no ha habido gobierno que no haya tenido que ceder ante el chantaje nacionalista. Por supuesto que nunca se cedió de la misma forma, pero ello no avala sino la tesis que mantengo, es decir, que más pronto o más tarde un gobierno débil, mezquino y ambicioso habría asestado un golpe mortal a nuestra conviviencia. ¿Por qué no nos damos cuenta? ¿Hace falta algo más? ¿Tenemos que ver cómo se parte España a jirones para comprender que el embate nacionalista iba en serio? ¿Será necesario contemplar estupefactos la declaración de independencia del Parlamento de Catalunya para comprobar que, aunque sin legitimidad ni legalidad, han hecho lo que desde hace mucho tiempo muchos denunciamos que iba a ocurrir?

Sobre los nacionalistas no merece la pena escribir. Son la negación, la antítesis del concepto de España y lo seguirán siendo siempre. O ellos y sus concepciones étnico-tribales, o nosotros y la libertad individual y los principios democráticos. Aquí no hay síntesis hegeliana. Pero sí debemos hablar sobre nuestros gobernantes, los que en principio representan a partidos y colectivos que creen en la idea de España, en nuestra constitución y nuestro sistema político. Y debemos empezar diciendo que lo que ha hecho este gobierno es un acto de alta traición. La ambición de poder y la falta de ética de Rodríguez Zapatero, que se encuentran a la altura de su insolvencia, han ido demasiado lejos. Nadie podía esperar de un presidente por accidente (¿o no?) la comisión de tantas tropelías en tan poco tiempo, barnizadas por un talante posmoderno y un pequeño aire de frescor en alguna ley. Quien no pudo jamás soñar con la idea de presidir algo de cierta entidad, se ha encontrado al frente de un país que lleva directamente al precipicio.

Concretemos: Si no se rechaza el Estatuto catalán por inconstitucional o se admite a trámite como reforma constitucional estaremos ante una situación muy parecida a un golpe de estado, donde se reforma la ley sin contar con la propia ley y/o sin refrendo popular. Las consecuencias serían realmente nefastas.

En primer lugar, Cataluña se proclamaría nación y se dotaría de un poder legislativo y ejecutivo casi totalmente independientes, y de un poder judicial totalmente independiente. En consecuencia, Cataluña se arrogaría la soberanía política, es decir, se convertiría en una nación con un cuasi Estado político-administrativo, en un proceso de independencia total que alcanzaría su culminación en una legislatura, pues no pasarían 5 años desde que se aprobase el Estatuto hasta que se proclamase el Estat Catalá. Para ello, el Estatuto prevé dotarse de todo el poder económico y fiscal, rompiendo la solidaridad territorial, violando la constitución y haciendo trizas el espíritu de la transición, que, con los defectos que muchas veces detectamos, tan lejos nos ha llevado estos últimos veintisiete años. Pero, además, proporcionaría a Cataluña un sistema estrecho, totalitario, completamente falto de libertades que, por supuesto, los ciudadanos de Cataluña no merecen y que les llevaría al fracaso político y el colapso económico.

En segundo lugar, sentaría un precedente para que cualquier otro grupo de poder en el resto de las CCAA encontrara la legitimidad necesaria para pretender lo mismo, dando por hecho que el Plan Ibarretxe saldría por la puerta grande de las Cortes Generales. Ello supondría la balcanización de España, la pérdida de nuestra importancia internacional y la crisis de identidad cuyas consecuencias son tan fáciles de pensar como difíciles de transmitir, sin perjuicio de la amenaza que un Islam que ve una víctima en verdaderos apuros supondría para la península. ¿Qué ocurriría con Ceuta y Melilla? ¿Y con las amenazas de reconquista del Al-Andalus del Islam a través de Al-Qaeda?

La estupidez no puede ser gratis en política. Por eso, ante tal embate son necesarios varias acciones que tienen que encontrar en la complicidad de la ciudadanía su arma más eficaz y contundente:
1) La salida a la calle en manifestaciones de todo ciudadano que desee que España siga manteniendo sus fronteras actuales y que crea en la libertad, la justicia y la solidaridad como fuentes legítimas de nuestra convivencia.
2) Exigir, o bien la devolución a las Cortes catalanas del Estatuto de Autonomía de Cataluña, o bien que el proceso de aprobación sea a través del procedimiento de reforma constitucional con disolución de las Cortes Generales y referendum
3) Forzar a Rodriguez Zapatero a pactar con el PP una salida a esta crisis.4) Y lo más importante. Al estilo de la grandeza constitucional norteamericana, legislar un sistema político que no esté basado en la responsabilidad de los gobernantes sino que sea garantista, de tal suerte que aunque los avatares políticos vuelvan a sentar en la presidencia del gobierno a un botarate de este calibre, éste no se vea tentado a negociar con los nacionalismos su sillón a cambio de enviar a la tumba a nuestro pacto de convivencia. Creo que este último extremo sólo puede garantizarse, como ya he comentado en varias ocasiones, a través de un sistema electoral que permita obtener la mayoría en las Cortes Generales al partido más votado, aunque fuera por un puñado de votos. Supondría la victoria definitiva de la libertad y el respeto sobre el chantaje del concepto étnico-tribal, neofeudal.

Invito a todo ciudadano a interelacionarse y provocar la presión necesaria para comenzar y conseguir esta empresa tan trascendente para nuestro futuro en común.