mi homenaje al Quijote

30 julio 2005


Pirineos


Qué tengo yo que mi enemistad procuras

que interés se te sigue suelo mío
que a mi puerta cubierto de rocío
no pasas las noches del invierno oscuras



Vuelvo esta asfixiante tarde del sur Francia, del verde pirineo francés. Durante todo el fin de semana me he preguntado sin cesar ¿por qué existe una diferencia tan absolutamente abismal en la estética de un Pirineo y otro? ¿Por qué estas gentes sin duda disfrutan de una calidad material de vida tantas veces superior? ¿Acaso el agua, la lluvia que allí hurañamente se cobija sin pasar a la cara sur, influye tanto? No, pues podríamos aducir que California es mucho más rica que, por ejemplo, Minnesota. ¿Podrían ser las infraestructuras? No, en los Pirineos septentrionales las carreteras se encuentran en peor estado. ¿El sistema económico? Es exactamente el mismo. ¿Qué causa es? ¿Qué es lo que hace que al llegar a Francia desde España inmediatamente se perciba una gran diferencia? Es el suelo. O su tratamiento jurídico y su administración. ¿Cuántas viviendas unifamiliares existen en el pirineo aragonés o catalán? Yo diría que menos de la centésima parte. Y no podemos decir que es una cuestión de renta per cápita, ya que una vivienda unifamiliar es ya más barata en Francia que en España. En torno al 20% más barata. ¿El suelo? El suelo probablemente sea entre cinco y diez veces más barato. El motivo es sencillo, uno no se encuentra tan absolutamente limitado por la administración para adquirir un parcela y construir una casa. Los administrativistas, estatalistas, socialistas y nacionalistas mantendrán que el estado debe regular y ordenar el territorio. ¿Para qué? ¿Para cometer las atrocidades que se han cometido en el Pirineo español? ¿Para multiplicar por dos el precio de lo que tendría que costar una vivienda unifamiliar? ¿Para no hacer una sola concesión a la privacidad, a la libertad individual, a la libre competencia, a la voluntaria separatidad frommiana? Sólo podemos calificar la política del suelo en España de una forma: un absoluto desastre cuyas consecuencias trascenderan este siglo.

19 julio 2005


Zapatero "el de las mercedes"

Anson llama a Zapatero “el de las mercedes” por su capacidad para ofrecer los activos de una sociedad sólo a cambio del placer que supone regalar. Como decía su propio anuncio, lleva la razón. Este hombre anda, en su tremendo despiste, frivolizando con la idea de España, con el futuro de sus ciudadanos y con el concepto, en teoría progresista, de solidaridad. Aquella que pide para el Tercer Mundo, como solución, como elíxir a sus graves problemas endémicos, no le sirve para España y han de ser compañeros suyos de partido quienes le refuten la idea de romper con la misma idea de España, de no someter el término en contenido y continente a quienes abominan de él.


A estas alturas, no creo que le falten agallas a este chico para imponerse a los intereses bastardos de quienes sostienen el gobierno de España, disolver las Cortes y convocar una nuevas elecciones con el pretexto de que no se puede gobernar este país con el apoyo de quienes no quieren que exista. Para tal heróicidad hacen falta más atributos que simples agallas, amén de generosidad política. Hace falta una cierta idea de España y por encima de todo, un proyecto inteligente. Zapatero no tiene proyecto porque, para empezar, no tiene inteligencia. El presidente por accidente no sabe realmente dónde está, y supongo que tan pronto se cree por encima del bien y del mal, erigiéndose en el mesías universal de la paz, ofreciendo su avanzada visión posmoderna del mundo en que vivimos -que incluso la trasnochada Europa ya menosprecia- como parece no creerse que efectivamente es el presidente del gobierno del Estado español. El Islam (de momento sólo podemos decir esto) apretó el botón. Polanco hizo el resto, pues intuía que España no era la pérfida albión. Aquella que nos salvó de lo peor que nuestro continente ha vivido en el último siglo. Aquella que acaba de volver a demostrarnos dónde está la libertad en Europa.