13 diciembre 2005
Ciudades libres, ciudades creativas
Sigo pensando que una ciudad necesita libertad para sobrevivir. Vivimos sobrecargados de información que no hace sino sumergirnos en un mar de confusión. Es necesario que el ciudadano López, en su propia turbación, se reencuentre y se reafirme constatando que es libre, porque vive en un espacio urbano que precisamente le transmite esa sensación y que le sirve de evasión para pensar que, aun en esa ofuscación, él, López, es capaz todavía de elegir de acuerdo a su propia conciencia que, aun a pesar de los intentos de terceros de alienársela, sigue teniendo, sigue portando.
No es fácil, no obstante, ofrecer esa imagen en una ciudad posmoderna. De la posmodernidad obtuvimos cualquier cosa excepto claridad de ideas. La falta de grandes narrativas positivistas nos acercó al relativismo y éste se nos vendió como diversidad o incluso como respeto a las distintas formas de actuar y de contemplar. Contra eso me revelo; no necesito relativismos en cuanto a mis valores, los valores de la libertad. Me reafirmo en ellos y pienso que nunca la humanidad llegó tan lejos en la teoría y que si precisamente la práctica no se caracterizó por lo mismo fue, exactamente cuando la posmodernidad en clave de “bueno, no pasa nada” se instaló en las sociedades acomodadas europeas. Necesitamos libertad, tenemos que verla reflejada en las calles, en la diversidad, en el pluralismo. Sin titubeos. Así nos sentiremos creativos, impulsaremos proyectos que de otra forma no habrían llegado a ser concebidos. Rompamos una lanza a favor de aquellas ciudades que fomentan la libertad, la creatividad.
No es fácil, no obstante, ofrecer esa imagen en una ciudad posmoderna. De la posmodernidad obtuvimos cualquier cosa excepto claridad de ideas. La falta de grandes narrativas positivistas nos acercó al relativismo y éste se nos vendió como diversidad o incluso como respeto a las distintas formas de actuar y de contemplar. Contra eso me revelo; no necesito relativismos en cuanto a mis valores, los valores de la libertad. Me reafirmo en ellos y pienso que nunca la humanidad llegó tan lejos en la teoría y que si precisamente la práctica no se caracterizó por lo mismo fue, exactamente cuando la posmodernidad en clave de “bueno, no pasa nada” se instaló en las sociedades acomodadas europeas. Necesitamos libertad, tenemos que verla reflejada en las calles, en la diversidad, en el pluralismo. Sin titubeos. Así nos sentiremos creativos, impulsaremos proyectos que de otra forma no habrían llegado a ser concebidos. Rompamos una lanza a favor de aquellas ciudades que fomentan la libertad, la creatividad.










