10 octubre 2005
¿España recupera la cordura?
En mi pasado artículo y en relación al estatuto catalán, finalizaba pidiendo una movilización general que pretendiese solucionar a corto y a largo plazo la cuestión nacional, a través de la presión social al gobierno de Zapatero y la petición de firmas para la reforma de la Constitución, en los preceptos concretos que permitan la adopción de una fórmula definitiva para el título octavo y la reforma de la ley electoral. Afortunadamente parece que la movilización no va a ser necesaria, pues el líder del Partido Popular, con diez millones de votos, lo propuso el pasado lunes 3 de octubre. Quise esperar para aplaudir esta medida tan valiente y loable como necesaria para conocer cuál sería la respuesta tanto del Poder ejecutivo como de la ciudadanía. Y así conocer el grado de consciencia de ambos al respecto del mayor problema que ha tenido España como nación en muchísimos años, con el agravante de haber sido gratuito, sin que la fuerza de los hechos, salvo el importantísimo 11 de marzo, obligara a llegar forzosamente a esta circunstancia. La ciudadanía salva la situación con un notable, pues no sólo entiende que el estatuto es anticonstitucional y que lesiona gravemente nuestra conviviencia, sino que empieza seriamente a retirar la confianza al presidente por accidente. Y, por supuesto, éste no se entera, no quiere enterarse y hace lo posible por sonreir al mal tiempo que se le avecina. Tal ha sido su actitud esta semana. Zapatero “el breve”, creo sinceramente en la doble acepción del término, está consiguiendo algo díficil, hacer olvidar los últimos 5 años de felipismo donde la corrupción y el crimen de estado fueron su característica esencial. Este recordman de la política parece no darse cuenta de que los acontecimientos le han desbordado (hasta el prestigioso semanario The Economist lo reconoce en su último número) y que sin un pacto nacional con el Partido Popular, acabará forzado a convocar unas elecciones anticipadas, con o sin la tregua-trampa de ETA, que es muy probable que pierda, a tenor de lo que marcan las tendencias en la intención de voto. Siempre y cuando Polanco no lo desacredite como persona capaz de dirigir el gobierno y proponga (que es lo mismo que decir, designe) como sucesor para solventar este desaguisado a un Bono que ya parece estar preparándose para la ocasión. Por que lo que para mi está claro, vistas las encuestas de este fin de semana, es que si Zapatero persiste en intentar engañar a los españoles, incluyendo a la inmensa mayoría de catalanes que se han visto ajenos a este proyecto independentista, conseguirá en dos años de gobierno lo que ni siquiera González tuvo al alcance de su mano, liquidar el PSOE. Hace años que pienso, digo y escribo que España necesita una segunda transición, que retoque algunos aspectos fundamentales de la primera. Tiempo habrá para hablar de sus matices. De momento quisiera hacer un reconocimiento de valoración a las propuestas de regenarción democrática de Mariano Rajoy, porque abundan en beneficio de esta noble causa. Pero si a alguien quisiera hacer honor de lo que estoy convencido va a ser un sentimiento consolidado en la ciudadanía, especialmente la más culta y libre, es a aquellos que la han liderado dicha causa desde hace casi quince años. Me refiero a los periodistas e intelectuales que conformaron la llamada AEPI, o tal y cómo los llamaban los medios hostiles, el “sindicato del crimen”. A ellos se les debe que este país esté recuperando poco a poco la cordura. O, al menos, eso espero.
Comentarios:
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