14 octubre 2005
Cumbre Iberoamericana en Salamanca
Hay que hacer verdaderos esfuerzos y memorizar concienzudamente las bonitas características que adornan nuestro país y nuestra sociedad, para dejar sólo en vergüenza y turbación del ánimo el sentimiento que de uno se apodera, no permitiendo que éste se transforme en repudia o rechazo. Es muy bochornoso lo ocurrido en Salamanca. No cabe el sentimiento de vergüenza ajena. Es propia. Ha ocurrido en nuestro país. Que actuó de anfitrión. Se ha escrito, ya, lo suficiente. Sólo quiero acompañar en el sentimiento de deshonra a quienes lo estén padeciendo y rebajar la ira de aquellos que hayan sucumbido ante el sentimiento de rechazo a su propio país, recordándoles que todavía existen aquí, existimos, muchos amantes de la libertad, de la justicia, de la democracia y del progreso.
Permitir o coadyuvar a que los objetivos del asesino Castro se transformen en manifiesto de una cumbre iberoamericana, es sencillamente detestable desde el punto de vista moral. Si el manifiesto se dirige contra un país democrático, poderosísimo, que muestra su cansancio sobre los continuos desplantes que se le lanzan desde aquí, la actitud se convierte en algo, simplemente, digno de la más absoluta bisoñez.
Así de fácil es resumir nuestra política exterior. Moralmente destestable y bisoña.
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Ya era hora que alguien pusiera de manifiesto el embargo(bloqueo denominado por otros sitios) contra el pueblo cubano por el gobierno de EEUU. El pueblo cubano no tiene porque pasar hambre además de soportar al dictador Castro, el cual liberó al país de la dictadura de Batista para meterla en otra con mejores condiciones generales de vida pero una dictadura al fin y al cabo.
Le rogaría al señor Abadía que saliera un poco de sus ambientes de constructores y gentes de derechas, tal vez se enterara que a la gente le importa un pimiento el Estatut(o) catalán y la gente tiene otros problemas que no he visto en la agenda de absolutamente ningún político como un acceso barato y de calidad europea a Internet, legalización del cannabis, vivienda barata, subidas generalizadas de sueldos y otros problemas de los cuales no se suele hablar en los periódicos ni en las esferas políticas.
Le rogaría al señor Abadía que saliera un poco de sus ambientes de constructores y gentes de derechas, tal vez se enterara que a la gente le importa un pimiento el Estatut(o) catalán y la gente tiene otros problemas que no he visto en la agenda de absolutamente ningún político como un acceso barato y de calidad europea a Internet, legalización del cannabis, vivienda barata, subidas generalizadas de sueldos y otros problemas de los cuales no se suele hablar en los periódicos ni en las esferas políticas.
Servirá como dedicatoria pero igual Lorenzo te interesa leer el último artículo de Eduardo Haro Teclen. En el se habla de personas, que al fin y al cabo, es lo que todos somos:
"Todo bloqueo, embargo, cerco o castigo a un país está fuera de la moral. Incluso la contradicción de términos que llamamos moral de guerra. La ficción de que así se ayuda al pueblo de ese país a desprenderse de un régimen odioso no se sostiene: es un segundo castigo, a veces tan grave como el primero. Una dictadura no se desea: se soporta. Ah, y si se desea por el pueblo como mejor medida que otras cosas, habrá que dejarla vivir. No creo que la mayoría del pueblo cubano prefiera la dictadura comunista, pero quizá teme más la guerra civil o las venganzas con que se pudiera modificar esta situación. La reunión iberoamericana de Salamanca ha rechazado el bloqueo a Cuba, pese a las advertencias de Estados Unidos en contra: su rechazo procede de esa moral falsa de que el castigo a un régimen deba amenazar a todo un pueblo: el castigo de EE UU y su mundo subordinado a Afganistán y a Irak era ya condenado antes de la invasión, y ahora lo es más.
Un poco de sentido común bastaría para comprender que una democracia a la fuerza es una dictadura, que una constitución impuesta es un código, y que muchos países pobres viven bajo dictaduras tan sangrientas e inmorales como pueda ser la de Cuba, mientras se llaman democracias y sus presidentes visten elegantes trajes y se intercambian condecoraciones brillantes y coloristas. Pero son obedientes a una disciplina internacional y un orden económico, prefijado. Muchas veces he pensado que sin esa presión aciaga del bloqueo y de la amenaza de invasión o terrorismo desde Miami, Cuba habría cambiado ya su régimen y Castro estaría descansando. En realidad, todo se está preparando para que el régimen de Cuba termine al tiempo que la vida del dictador; pero hay intereses de restauración del sistema anterior de propiedades y de negocios, de venganzas y de castigos, que es muy difícil que el régimen actual y las poblaciones actuales se rindan ante esta situación. Nacen del poder extraparlamentario, extrapresidencial, de EE UU, y no creo que ningún cambio en el Gobierno de Washington lo acepte. Eso no quita la valentía de la declaración de Salamanca contra la posición de EE UU. No sirve para cambiar la situación, pero sí para negar la existencia de una justicia y de una defensa de libertades que pretende EE UU".
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"Todo bloqueo, embargo, cerco o castigo a un país está fuera de la moral. Incluso la contradicción de términos que llamamos moral de guerra. La ficción de que así se ayuda al pueblo de ese país a desprenderse de un régimen odioso no se sostiene: es un segundo castigo, a veces tan grave como el primero. Una dictadura no se desea: se soporta. Ah, y si se desea por el pueblo como mejor medida que otras cosas, habrá que dejarla vivir. No creo que la mayoría del pueblo cubano prefiera la dictadura comunista, pero quizá teme más la guerra civil o las venganzas con que se pudiera modificar esta situación. La reunión iberoamericana de Salamanca ha rechazado el bloqueo a Cuba, pese a las advertencias de Estados Unidos en contra: su rechazo procede de esa moral falsa de que el castigo a un régimen deba amenazar a todo un pueblo: el castigo de EE UU y su mundo subordinado a Afganistán y a Irak era ya condenado antes de la invasión, y ahora lo es más.
Un poco de sentido común bastaría para comprender que una democracia a la fuerza es una dictadura, que una constitución impuesta es un código, y que muchos países pobres viven bajo dictaduras tan sangrientas e inmorales como pueda ser la de Cuba, mientras se llaman democracias y sus presidentes visten elegantes trajes y se intercambian condecoraciones brillantes y coloristas. Pero son obedientes a una disciplina internacional y un orden económico, prefijado. Muchas veces he pensado que sin esa presión aciaga del bloqueo y de la amenaza de invasión o terrorismo desde Miami, Cuba habría cambiado ya su régimen y Castro estaría descansando. En realidad, todo se está preparando para que el régimen de Cuba termine al tiempo que la vida del dictador; pero hay intereses de restauración del sistema anterior de propiedades y de negocios, de venganzas y de castigos, que es muy difícil que el régimen actual y las poblaciones actuales se rindan ante esta situación. Nacen del poder extraparlamentario, extrapresidencial, de EE UU, y no creo que ningún cambio en el Gobierno de Washington lo acepte. Eso no quita la valentía de la declaración de Salamanca contra la posición de EE UU. No sirve para cambiar la situación, pero sí para negar la existencia de una justicia y de una defensa de libertades que pretende EE UU".
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