19 julio 2005
Zapatero "el de las mercedes"
Anson llama a Zapatero “el de las mercedes” por su capacidad para ofrecer los activos de una sociedad sólo a cambio del placer que supone regalar. Como decía su propio anuncio, lleva la razón. Este hombre anda, en su tremendo despiste, frivolizando con la idea de España, con el futuro de sus ciudadanos y con el concepto, en teoría progresista, de solidaridad. Aquella que pide para el Tercer Mundo, como solución, como elíxir a sus graves problemas endémicos, no le sirve para España y han de ser compañeros suyos de partido quienes le refuten la idea de romper con la misma idea de España, de no someter el término en contenido y continente a quienes abominan de él.
A estas alturas, no creo que le falten agallas a este chico para imponerse a los intereses bastardos de quienes sostienen el gobierno de España, disolver las Cortes y convocar una nuevas elecciones con el pretexto de que no se puede gobernar este país con el apoyo de quienes no quieren que exista. Para tal heróicidad hacen falta más atributos que simples agallas, amén de generosidad política. Hace falta una cierta idea de España y por encima de todo, un proyecto inteligente. Zapatero no tiene proyecto porque, para empezar, no tiene inteligencia. El presidente por accidente no sabe realmente dónde está, y supongo que tan pronto se cree por encima del bien y del mal, erigiéndose en el mesías universal de la paz, ofreciendo su avanzada visión posmoderna del mundo en que vivimos -que incluso la trasnochada Europa ya menosprecia- como parece no creerse que efectivamente es el presidente del gobierno del Estado español. El Islam (de momento sólo podemos decir esto) apretó el botón. Polanco hizo el resto, pues intuía que España no era la pérfida albión. Aquella que nos salvó de lo peor que nuestro continente ha vivido en el último siglo. Aquella que acaba de volver a demostrarnos dónde está la libertad en Europa.










