07 mayo 2005
Raúl Castro llega a España
Un dictador es un dictador. La definición terminológica debería aludir al ser más vil que Tierra haya pisado. Dictadura y muerte es pleonasmo. De derecha o de izquierda. Estas últimas, todavía son más terribles habitualmente, debido a que dictan más, a que por sus venas corre sangre más ávida de introdcirse en los lugares más recónditos de la sociedad. Raul Castro ha llegado a España. Hermano cómplice del mayor matarife humano de América, viene en visita privada a ser agasajado por Fraga. Razones hay para dicha ofensa al pueblo cubano, a la sociedad española, al genéro humano y a sus valores más preciados, la libertad, la razón, en fin, la dignidad, comenta el octogenario mandatario gallego. Ha unido matrimonios y ha favorecido a diversos gallegos, susurra en un alarde de desprecio a la lucha y el sacrificio de un desafortunado pueblo que va para 47 años de cautividad. Ultrajado, humillado, asesinado, cautivado, el pueblo cubano no conoce la libertad. Sus hijos, nacidos como pájaros enjaulados, no saben de algo tan fundamental como la propiedad, de algo tan básico como la posibilidad de poder decir lo que uno piensa sin ser apresado o asesinado. Se lo deben al hermano de quien ha venido a ser saludado por el presidente de una Comunidad Autónoma española.










