mi homenaje al Quijote

19 abril 2005


País Vasco

“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece” dicen los necios o los interesados. No. Cada gobierno tiene el pueblo que se merece. Así de cierto. Como cierto es que todo nacionalismo pretende, como único objetivo, constituir un sujeto de derecho internacional en el seno de lo que considera, gracias al romanticismo alemán, una nación cultural. Como único objetivo. Bastardo, porque se recurrirá a cualquier medio para conseguirlo. La demagogia, la mentira, la malversación de fondos e incluso el asesinato. «El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la Humanidad» dice Ansón que decía Einstein. No saber esto es de una ignorancia supina. Saberlo y no combatirlo, de una maldad diabólica.

Tras treinta años de gobierno nacionalista no es de extrañar la situación actual. Las Vascongadas son hoy, sin duda, las tierras de Europea Occidental donde existen más atentados contra los derechos fundamentales del individuo y donde más brilla la libertad por su ausencia. A través de su influencia y penetración en los rincones más recónditos de la sociedad vasca, el PNV ha tergiversado absolutamente la historia de España, hasta conseguir que los niños LOGSE-Ikastolas odien la sola idea de España. Normal y habitual. El 50% de los vascos quiere la independencia y el 61% está de acuerdo con el Plan Ibarretxe. Hay dos bloques impermeables a corto plazo y su penetrabilidad y por lo tanto la solución a ese empate en las fuerzas depende exclusivamente de quien gobierne los próximos años. Si gobierna el nacionalismo, la brecha se abrirá irresolublemente. Si hubiera gobernado un gobierno no nacionalista, que no fundiese los términos partido, estado, nación y bandera en uno mismo, se habrían salvado las tres provincias de lo que se les viene encima sin saberlo. Porque, por supuesto, no pueden imaginarse ni poner nombre a lo que será recibir la espalda de una Europa que no está dispuesta a repetir la historia de los Balcanes en un momento tan delicado, con Francia a punto de descolgarse de una constitución hecha por ella misma a su medida. Ruina y aislamiento. El País Vasco saldrá muerto de este envite. Ya es tarde.

Rodriguez Zapatero, mirlo blanco, dádiva heroica traida al mundo para ayudarle a purgar la ira contraida en su historia milenaria, pensó que acceder a decir sí a todo lo que desde aquellas tierras se propusiera, ya fuera legal o insurreccional, iba a proporcionarle los apoyos suficientes para parar al nacionalismo en las urnas. Si para ello era necesario permitir a la banda asesina sentarse de nuevo en el parlamento vasco, se hacía interponiendo el talante y el diálogo como coartada. En su bisoña intrepidez fue más allá y prometió un Plan Iberretxe B, con refrendo incluido, con el que inconscientemente aseguraba al nacionalismo el resultado final que su estrategia pretendía evitar.

Redono Terreros tuvo la solución en la mano. Un pacto PP-PSOE. Zapatero se la quitó, dando un giro de 180º a la política del PSOE en Vascongadas, para acabar legitimando a Ibarretxe. Nos ha hecho humillarnos a todos ante el gobierno vasco, mirar hacia otro lado frente a Otegi, prometiendonos un éxito electoral, que no ha sido así, que no ha sido sino lo que sólo él puede ofrecer, un absoluto fracaso.

Comentarios:
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